La soledad favorece el riesgo de demencia

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La soledad aumenta el riesgo de sufrir deterioro cognitivo debido a la demencia, según apunta un estudio de la revista “Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry”. Señala que la soledad es un factor importante de sufrimiento psicológico y puede afectar de forma negativa a las funciones cognitivas de las personas mayores.

Soledad y demencia pueden ir de la mano

Sí, soledad y demencia pueden tener mucho que ver, como apunta este artículo, ya que afirma que las personas que se sienten solas a pesar de la cantidad de amigos y familiares que tienen, son más propensas a sufrir de demencia que aquellos que viven por su cuenta, por ejemplo. Además, están las personas mayores que se separan o que quedan viudas después de una relación de muchos años. Estos factores pueden provocar el deterioro de las funcionas cognitivas.

Demencia, ¿qué es exactamente?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la demencia como “un síndrome que implica el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria”. Aunque la enfermedad de Alzheimer es la más frecuente (representa entre el 60% y el 70% de los casos), hay otros tipos como la demencia por cuerpos de Lewy, la demencia vascular (consecuencia de infartos y hemorragias cerebrales) o la degeneración frontotemporal.

La OMS estima que la demencia afecta a nivel mundial a unos 47,5 millones de personas y cada año se registran 7,7 millones de nuevos casos. Se calcula que entre un 5% y un 8% de la población general de 60 años o más sufre demencia en un determinado momento. Se prevé que el número total de personas con demencia prácticamente pase de 75,6 millones en 2030 a 135,5 millones en 2050.

Cifras increíbles que nos hace reflexionar sobre la necesidad de dar compañía y apoyo social a nuestras personas mayores.

Círculo vicioso de la demencia

Si las personas que se sienten solas son más propensas a desarrollar la demencia, puede ocurrir también al revés, es decir, que la persona al notar los primeros síntomas de su demencia se aísle de su entorno, ya sea por vergüenza o confusión. Este aislamiento puede disminuir la estimulación cognitiva, tan necesaria para el funcionamiento óptimo del cerebro. Ambos procesos pueden ocurrir en el mismo momento, provocando un círculo vicioso en el que la demencia reduce el apoyo social, que a su vez empeora el trastorno. Por eso es tan importante estar cerca de nuestras mayores y estar atento a cualquier cambio en ellos. Un diagnóstico precoz es fundamental.

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El impacto personal y social de la demencia

Los factores psicológicos como el sentimiento de soledad y la depresión asociados al riesgo de sufrir demencia se estudian cada vez más. Otros factores que contribuyen a desarrollar la enfermedad, como indica la OMS, son “las enfermedades vasculares, como la diabetes, la hipertensión y la obesidad en la mediana edad, el tabaquismo y la inactividad física”.

Este problema de salud genera un fuerte impacto psicológico y social, ya que los afectados son muy dependientes. El deterioro que provoca la enfermedad es progresivo. En las primeras etapas, los afectados tienen muchos despistes y pierden la noción del tiempo. Luego, olvidan acontecimientos recientes y nombres de personas, se comportan de forma extraña y necesitan ayuda para realizar muchas actividades cotidianas. En las fases más avanzadas de la enfermedad, pueden ser agresivas, se pierden y dejan de reconocer a amigos y familiares.

En los países desarrollados cada vez hay más personas mayores y, en consecuencia, más casos de este deterioro progresivo e irreversible. Según un estudio realizado en EE.UU. y publicado en ‘The New England Journal of Medicine’, el coste económico que suponen las demencias se habrá duplicado en el año 2040.

Fuente: bbc.com, who.int,  consumer.es y psyciencia.com.

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