A la hora del desayuno, una historia sobre el cuidado de mayores

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María está terminando de recoger la mesa del desayuno de don Santiago. 

– Hija, ande vete que ya me apaño yo. Que vas a llegar tarde al trabajo.

María sonríe y luego añade:

– No se preocupe, además que una ayuda siempre viene bien. 

Santiago se levanta y tira las sobras del desayuno en el cubo de basura y se dirige hacia la puerta de la cocina. María que andaba ahora fregando se gira, mira a la mesa y le pregunta:

– ¿Y el plato? 
– En el fregadero lo he dejado- mientras se dirige a la puerta.
– No, en el fregadero no está.
– Pues se habrá lavado solo y puesto a secar en la alacena, pero yo he tirado las sobras del desayuno y lo he dejado en el fregadero-. Don Santiago sale de la cocina.

María mira en el cubo de la basura y se encuentra el plato. Lo recoge sin decirle nada, sin que le vea. Pero él no la ve porque para entonces don Santiago ya ha salido de la cocina. María termina de fregar y sale a su encuentro. 

Don Santiago ha ido al cuarto de baño y está secándose la cara con una toalla. Al terminar coge el peine que hay en una pequeña balda de cristal justo encima del lavabo y se queda mirándolo unos segundos. María aparece en el marco de la puerta y este, al verla reflejada en el espejo, le dice: 

– Creo que he tirado el plato a la basura.
– Pues sí, a la basura lo ha tirado usted, que si no le gusta, mañana salimos a comprar un juego de vajilla nuevo- y le guiña un ojo.

– A veces hija, no sé dónde tengo la cabeza, la edad que es muy mala, muy mala…

María le sonríe, se acerca al lavabo y ve que tiene el peine en las manos al que manosea y parece no saber muy bien qué hacer con él:
– ¿Quiere que le peine?

Don Santiago mira el peine y recuerda:
– Eso mismo iba a hacer ahora, peinarme, pero si no te importa- don Santiago permite que María coja el peine y se deja peinar. 
– Igualita que tu madre, con esta delicadeza les peinaba a tus hermanos y a ti cuando no levantaban un palmo del suelo. 

Las miradas se encuentran en el espejo y se sonríen. Entonces María piensa también en su madre que resulta no ser la misma mujer a la que él se refiere. Porque don Santiago no es el padre de María aunque a veces a ella le guste pensar que sí lo es. 

María trabaja en Servicios Sociales y hace un año que conoce a don Santiago.

Si a ti también te gusta que te cuiden así, no dudes en contar con nosotros. Vivir mejor está en tus manos.

Fuente de la imagen | www.recetin.com 

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